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...Los beneficios de pagos móviles crecerán drásticamente a USD20,000 millones en todo el mundo en 2005, de acuerdo con un nuevo informe estratégico de ARC Group. Esta cifra representa un crecimiento anual del 100%, y se deriva principalmente de nuevos tipos de transacción como prepago desde cajeros automáticos y otros innovadores ATMs.


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Pase por caja

texto: Rodolfo Lomascolo / Redacción

Los comercios on line españoles empiezan a disponer de sofisticados mecanismos para superar el último escollo que falta para su despegue: los pagos.


Vamos por buen camino. El e-commerce está avanzando en nuestro país y lo hace a un ritmo satisfactorio. Los datos del último estudio de la Asociación Española de Comercio Electrónico muestran que, en 2000, el B2C superó las expectativas y alcanzó un volumen de casi 30.000 millones de pesetas, un crecimiento del 350% respecto al año anterior. Y para 2001 se prevé que los ingresos alcancen los 74.692 millones. Así pues, aunque poco respecto a otros países, en España se compra on line.
Sin embargo, estas cifras de facturación no revelan todo el volumen de negocio generado gracias a Internet. Existe una importante partida de compras inducidas y/o encargadas on line que no pueden cuantificarse como comercio electrónico. Se trata de operaciones imperfectas (o incompletas) en las que prácticamente todo el proceso -información, asesoramiento, comparación, incluso el encargo a veces- se ha llevado a cabo en la Red, pero ha faltado la conclusión, es decir, el pago.
¿Cuál es la razón de que se escapen tantos compradores sin pasar por caja? Los motivos son varios, pero la mayoría de sondeos continúan aduciendo la inseguridad en la transmisión de los datos personales y en los pagos. El miedo está presente en las tres primeras excusas de los consumidores para no efectuar sus pagos on line. Según un estudio de Harris Interactive, el 57% de ellos teme que el número de su tarjeta de crédito sea sustraído; la misma proporción de usuarios recela de que su información personal pueda ser utilizada; y a un 38% le inquieta la idea de que el vendedor sea un impostor.
Así, pese a la tarea evangelizadora de empresas tecnológicas, consultoras y de los propios comercios, la dura realidad es que los internautas siguen creyendo que resulta menos seguro introducir un número de tarjeta en un servidor encriptado de Internet que facilitarlo por teléfono o fax.
Pero la verdad es que, en materia fraude on line, hay más ruido que nueces. Las cifras de las entidades emisoras de tarjetas de crédito, la forma de pago más extendida en el mundo, demuestran que esta modalidad de defraudación continúa representando un porcentaje muy bajo del total. Según un informe de la Comisión Federal de Comercio en Estados Unidos, las incidencias on line comunicadas a estas entidades representaron en 1999 un 0,003% del total.

DEL CALCETÍN AL BIT
Los pagos se han basado siempre en la confianza entre las dos partes. Reuniones, apretones de manos o firmas manuscritas han sido durante siglos símbolos de las relaciones comerciales entre personas y empresas.
En las operaciones entre consumidores y comercios, en general, el comprador conoce al vendedor. Le visita físicamente y eso le proporciona la sensación de que detrás del escaparate que está viendo hay una persona y una tienda a la que podrá devolver el producto o reclamar si no queda satisfecho.
De cara al comerciante, las cosas no son muy distintas. En España es habitual que, en caso de que el pago no se realice al contado, el vendedor pida algún tipo de identificación al comprador para asegurarse de su identidad.
En las operaciones entre empresas los pagos no suelen efectuarse al contado ni mediante tarjeta de crédito, sino que se basan en transferencias, pagarés, letras o incluso créditos. Todas estas formas de pago requieren un grado de confianza entre el vendedor y el comprador que sólo se consigue con el tiempo y una relación habitual. De ahí que en este tipo de intercambios tenga tanta importancia la figura de un tercer agente garante de la operación: un banco central en el caso de operaciones al contado, un banco emisor en los sistemas de tarjetas de crédito corporativas y el banco del comprador y el del vendedor en el caso de operaciones a crédito entre empresas.
Como se observa, todos ellos presuponen que comprador y vendedor -sean consumidores o empresas- se conocen de antemano o tienen un contacto cercano, algo que no encaja demasiado con la idea de un entorno como el de Internet, en el que el ciclo comercial completo puede realizarse sin necesidad de verse las caras.

ADAPTAR COMO SOLUCIÓN
Los pagos entre consumidores y empresas son los que han sufrido -en todos los sentidos- el primer intento de adaptación al mundo de Internet. Eso se debe a que son los más sencillos y menos arriesgados de automatizar. De hecho, antiguos sistemas como el contra reembolso, la domiciliación o la transferencia bancaria siguen dando soporte a un importante número de transacciones on line. Según datos de TNSE, en el año 2000 estas tres formas de pago acumulaban el 44% de los pagos del comercio electrónico B2C en nuestro país.
Sin embargo, la fórmula mayoritaria de pago en Internet (y al alza) es la tarjeta de crédito (el 56% restante). Para su uso nació la primera generación de terminales punto de venta virtual (TPVv). Un TPV virtual no es más que una página web, habitualmente de tipo CGI (interfaz de pasarela de información), en la que el usuario introduce los datos de su tarjeta de crédito. Esta pasarela se encarga de enviar los datos de la transacción al banco propietario del TPV para que realice el cargo al cliente y el pago al proveedor. Cada banco tiene su propio TPV y el propietario del web que desee utilizar sus servicios tiene que contactar con su banco para realizar los trámites de utilización.
La principal función del TPV virtual es realizar pagos on line a través del sistema del banco. Esto permite validar en tiempo real el resultado de la operación y de las realizadas hasta ese momento o en determinadas franjas (por ejemplo, los archivos con el cierre de las operaciones del día). Asimismo, los TPV virtuales permiten que el propio comercio pueda iniciar el proceso de devolución de los pagos en caso de retornos.
Pese a su gran innovación respecto a los sistemas analógicos, los TPV tienen el inconveniente de que requieren que el usuario introduzca los datos de su tarjeta de crédito cada vez que realiza una operación. Esto resulta relativamente incómodo, no sólo por la ralentización del proceso, sino también porque transmite una sensación de inseguridad, puesto que el usuario es consciente de que sus datos se enviarán al servidor.

TRANSFERIR INFORMACIÓN
La difusión de Internet como soporte a las transacciones comerciales está obligando a modificar la manera en que se entienden los pagos. Ese cambio supone considerarlos como un sistema especializado de comunicación. Del mismo modo en que existen protocolos para servidores web, correo pop o news, los pagos empezarán a tener sus propios protocolos y estándares.
Los nuevos sistemas deberán respetar las características tradicionales de cualquier transacción: implicar sólo a las partes y no revelar ni solicitar más información de la necesaria. Pero tendrán también una serie de requisitos específicos, como la compatibilidad con los sistemas de compra que se utilizan en los servidores de comercio electrónico, la facilidad de uso o la seguridad y confidencialidad de los datos.
Esta última es la que más preocupa a empresas y usuarios finales. De ahí que los expertos hayan desarrollado toda una terminología alrededor del concepto que matiza cómo debe ser la seguridad en las transacciones on line. A continuación repasamos sus atributos:

Anonimato. En ciertas operaciones es indispensable proporcionar anonimato al comprador, de tal modo que el vendedor no conozca los datos de identificación del cliente.
Autenticación. Aunque lo parezca, no es contraria al anonimato. El comprador y el vendedor reconocen al otro con la capacidad suficiente para realizar la transacción, pero no implica el conocimiento de la identidad concreta de la otra parte. Basta con saber que el otro puede pagar el bien o proporcionar el servicio o producto en cuestión.
Trazabilidad. Cuando existen problemas con la transacción, será necesario demostrar que ésta se realizó, conocer la información transmitida, la fecha y la hora de la operación y otros detalles asociados. En estos casos será necesario recurrir a los datos del registro o log de los servidores y otros sistemas que intervinieron en la operación. Esto se denomina «trazabilidad», como posibilidad de seguir la traza del proceso.
Confidencialidad. En cierto modo se parece al concepto de anonimato. Consiste en la protección contra la revelación -ya sea accidental o deliberada- de los datos de una transacción. En caso de que se proporcionara anonimato pero no confidencialidad, podrían identificarse informaciones asociadas a las operaciones con fines fraudulentos.
Integridad. Consiste en evitar la modificación -tanto por parte de los participantes como de terceros- de los datos de la transacción para prevenir el fraude. Esta violación de la información podría traducirse en modificaciones en la composición de los pedidos, monto de los pagos, números de tarjeta de crédito o cuenta bancaria, nombres de receptores del pedido, etc.
No Repudio. Se trata de una característica íntimamente ligada a la integridad de los datos que aborda la cuestión de la irrenunciabilidad. Es necesario que ninguna de las partes pueda desdecirse, y para ello debe existir una autoridad o autoridades reconocidas capaces de probar la participación de cualquiera de ellas en la transacción.
Fiabilidad. Las transacciones de pago deben ser atómicas, es decir, deben suceder en su totalidad o no suceder en absoluto. De ninguna manera deben quedar en un estado desconocido o inconsistente. Ningún comprador aceptaría perder dinero debido a una caída de la red o de la máquina del vendedor. La recuperación de estas caídas exige algún tipo de almacenamiento estable en todos los actores de la transacción y la existencia de protocolos de resincronización específicos.

Estas exigencias de los sistemas de pago pueden cubrirse con la utilización de sistemas criptográficos y, más concretamente, mediante la criptografía de clave pública, que es la que ha dado lugar a la figura de la firma electrónica.

MÁS DIGITALES Y MÁS SEGUROS
En la medida en que se ha ido clarificando la naturaleza de los pagos en el entorno electrónico, han surgido iniciativas inspiradas en las mencionadas características de transmisión de información y seguridad de los datos.
Una de ellas fue el concepto de dinero electrónico, una moneda virtual en forma de bits cuyos rasgos principales son que es anónima y que no requiere una relación de confianza entre comprador y vendedor, puesto que la confianza la proporciona la entidad emisora. En la actualidad, esta idea se está utilizando sólo como método de fidelización (bajo la forma, por ejemplo, de los conocidos zakis, netels o beenzs), pero su objetivo es transformarse en verdadero sistema de pago electrónico no regulado como dinero. De hecho, hace unos años surgieron iniciativas como eCash o CyberCash basadas en esta idea, pero la desconfianza y la falta de estructuras oficiales que les dieran soporte han evitado que su idea cuajara.
Con todo, el concepto de dinero electrónico ha tenido sus repercusiones. El 27 de octubre de 2000 se publicó en el diario oficial de la Comisión Europea una directiva referente al dinero electrónico, o e-money. Según esta normativa, que define el término y establece los criterios para que las instituciones puedan emitir este tipo de moneda, los estados miembros tienen como plazo hasta abril de 2002 para promulgar las leyes nacionales que convierten esta directiva en ley.
La directiva no resuelve cuál debe ser el funcionamiento y legalidad de los mecanismos asociados a esquemas de fidelidad, los famosos puntos que se obtienen por realizar compras y que luego pueden ser canjeados por productos.
Otra iniciativa orientada a securizar los pagos electrónicos que tampoco ha acabado de prosperar es el protocolo SET (Secure Electronic Transaction) definido por MasterCard y Visa con la colaboración de importantes compañías como IBM, Microsoft y Netscape. Se trata de un sistema que utiliza los procedimientos de cifrado simétrico y asimétrico, firmas digitales y certificados, aunque la base del sistema de pago continúa siendo la tarjeta de crédito que da respaldo a la transacción.
Aplicable al comercio electrónico entre empresa y consumidores, el protocolo se limita a reproducir en el entorno electrónico el esquema de pago con tarjeta de crédito utilizado hoy en día. Es decir, un flujo de información que viaja entre el usuario, el comercio y una tercera parte de confianza (banco o medio de pago). Hasta la fecha se ha empleado relativamente poco (más que nada, en países del norte de Europa como Dinamarca o Finlandia), y no se prevé que la situación cambie en el futuro, pese a intentos como el SET 3D, que Visa pretende ahora relanzar como un sistema similar al SET pero mucho más simple para los implicados.

LA HORA DE INNOVAR
En los dos últimos años, el enorme crecimiento del número de internautas de toda condición y nivel socioeconómico y la extensión de plataformas de acceso a Internet alternativas, como los dispositivos móviles o la televisión, han propiciado la aparición de una segunda generación de sistemas de pago electrónicos. Todos ellos tienen en común la búsqueda de la simplicidad en sus interfaces de usuario, el hincapié en la seguridad y el aprovechamiento de los dispositivos para múltiples funciones.
Estas iniciativas nacen con la ventaja de haber visto los errores de los sistemas de la primera ola y tratan los pagos como un intercambio de información digital de alta seguridad. Así, se está pasando de hablar de figuras de pago como cheques, pagarés o letras, símbolos de un desembolso que se hará efectivo en determinado momento, a sistemas electrónicos como micropagos, pagos por móvil o tarjetas inteligentes, que no emulan el dinero efectivo. Éstos son los principales sistemas disponibles hoy en el mercado español:

Micropagos. Se considera micropago cualquier producto con un precio inferior a los costes que origina una transacción a través de un TPV. En otras palabras, aquellos productos cuyo margen de beneficio sea inferior a esa operación. En España, este umbral, que definen los bancos, se sitúa en torno a las 500 pesetas. A escala internacional suele hablarse de tres dólares.
Para el pago de estas cantidades no pueden utilizarse medios electrónicos tradicionales como las tarjetas de crédito. Por ello, en el mundo off line se obliga a los clientes a disponer de dinero en efectivo para canjear por este tipo de productos. En Internet, en cambio, el problema se resuelve mediante soluciones de micropago, un software que se integra en los dispositivos de acceso a Internet y que conecta con la cuenta bancaria o tarjeta del cliente.
Éste introduce sus datos de identificación y contraseña una sola vez en un entorno seguro. A partir de entonces puede comprar en todas las tiendas que soporten ese sistema con sólo dos clics: el de orden de compra y el de confirmación por parte del sistema. La entidad encargada de los micropagos adelanta o retiene la cantidad hasta que puede ser gestionada por el banco u operador de pagos, cargando a la tienda por el servicio con unas comisiones algo superiores (entre un 7 y un 30% del importe) a lo cobrado por los operadores. Asimismo, la empresa de micropagos se encarga de la seguridad y la atención al cliente en materia de pagos.
«Mediante estos sistemas se puede vender cualquier producto que esté por debajo del umbral del micropago y que ofrezca un cierto valor añadido», explica Javier Olivares, director general en España de Q-Pass, una de las pocas empresas que ofrecen soluciones de micropagos en nuestro país. «No se puede competir con productos que se ofrecen de forma gratuita -añade-. Son productos aquellos en los que dices 'y qué más da' ante la cantidad exigida, porque el servicio merece la pena».
Los primeros artículos que se están comprando a través de estos sistemas son los denominados soft-goods (digitalizables), como fotografías, artículos, libros, canciones… «Más adelante aparecerán pequeños servicios por los que se podría cobrar. Por ejemplo, envío de mensajes SMS a través de web, búsquedas inteligentes, pago por consultas desde el móvil, información de búsquedas muy segmentadas…», opina Olivares.

Pagos a través de dispositivos móviles. Son soluciones que permiten efectuar pagos en tiendas de Internet, comercios WAP y off line, y entre usuarios a través de teléfonos, agendas electrónicas y otros dispositivos móviles.
Existen distintas aproximaciones, pero todas ellas tienen en común la transferencia de las órdenes de pago, identificación del usuario y confirmación de aquél entre el usuario, el banco y la operadora. La operación se realiza sobre la red de móviles GSM, más segura que Internet.
«Nuestra creatividad consiste en elegir situaciones en las que ahora sólo se pueda pagar en efectivo», comenta Markus Föster, miembro de la dirección general de Paybox en España. El responsable de esta empresa del grupo Deustche Bank considera que este tipo de sistemas tiene un gran valor en dos situaciones preferentes: «En aquellas en las que los medios actuales no son seguros. Por ejemplo, en Internet, donde los usuarios tienen miedo de que sus tarjetas sean sustraídas o los comercios temen las devoluciones. Y en aquellas en las que no se aceptan los medios de pago tradicionales (reembolsos, tarjetas de crédito…) y sólo se acepta efectivo».
La empresa de medios de pago Europay Internacional, propietaria de las tarjetas MasterCard y Maestro, calcula que en 2005 el 10% de los pagos que se realicen con tarjeta se tramitarán a través del móvil.
El espectacular crecimiento del número de usuarios de telefonía móvil en España (según datos de las operadoras, terminamos el año 2000 con 24,2 millones de abonados) ha activado la oferta de servicios de pago a través de este tipo de dispositivos. Existen cuatro iniciativas procedentes de bancos, operadoras o compañías combinadas creadas con este fin: Movilpago, Pagomóvil, Paybox y Caixamóvil.

Tarjetas virtuales. Son tarjetas anónimas con un número y pin, que llevan la marca de una entidad bancaria y/o un medio de pago. «Están pensadas para que el usuario pueda acotar el riesgo en sus compras a través de Internet», comenta Esteban Martín, director de nuevas tecnologías de Europay Internacional para España y Portugal. «Con ella -prosigue- se evita el riesgo de utilizar la tarjeta de crédito o débito tradicional, puesto que el usuario decide el límite de los pagos y la forma del mismo (prepago, a cuenta corriente…)».
Las tarjetas virtuales son actualmente gratuitas: no hay ni cuotas ni mantenimiento y no se precisa disponer de ninguna cuenta con la entidad emisora. Suelen funcionar con la modalidad prepago y recarga (similar a los móviles). El usuario la solicita en la entidad y la recarga vía web o en cajeros automáticos de ésta indicando una cuenta o tarjeta de crédito.
Mientras la tarjeta está operativa, el usuario puede realizar cualquiera de las operaciones habituales (compras, descarga, recarga, consulta de saldo, etc.).
Dado que el importe es limitado, sólo se pueden adquirir productos en Internet por las cantidades prefijadas. El mínimo son 1.000 pesetas y el máximo lo determina la entidad emisora. En el caso de Banesto es de 35.000 pesetas, mientras que 'La Caixa' permite transacciones de hasta 250.000 pesetas.

Tarjetas inteligentes. Incorporar chips en las tarjetas de pago es una tendencia generalizada en todas las marcas y modelos. En 2005, todas ellas deberían incluir esos microprocesadores con funciones de monedero electrónico. Sin embargo, los operadores de pago están aprovechando esos chips para incluir funciones de seguridad (cifrado y firma electrónica) para su uso en Internet.
Si bien emplean tecnologías distintas, suelen basarse en el sistema de clave pública. El chip almacena la clave privada del usuario, y cuando éste accede a un servidor que requiere esa clave es capaz de generarla mediante un pin que dicho usuario introduce. En otras palabras, sin esa tarjeta chip y su contraseña es imposible acceder a la información. Normalmente, se aprovecha la funcionalidad de estas tarjetas para evitar que el usuario tenga que introducir sus datos.
El uso de tarjetas inteligentes se extiende a cualquier cosa que pueda ser adquirida con tarjeta de crédito tradicional. Las condiciones dependerán del contrato firmado por el usuario.
En la actualidad, los principales operadores de medios de pago (VISA y MasterCard) están desarrollando junto con los bancos soluciones de este tipo. Sin embargo, y como han declarado fuentes de VISA España a esta revista, «la filosofía de todos estos sistemas es no discriminar el mundo real del virtual».

Pagos B2B. El despegue del comercio electrónico B2B está obligando a las entidades financieras a habilitar mecanismos de pago y gestión sobre web, fuera de los tradicionales sistemas de banca electrónica basados en paquetes de software propietario de los bancos. Asimismo, la eclosión de grandes marketplaces en los que intervienen múltiples empresas que no son clientes suyos exige que estos sistemas tengan flexibilidad suficiente para operar con intermediarios, junto con una solidez y sofisticación que permita que la información esté disponible on line sólo para la parte implicada. De momento, muchos de los pagos se realizan fuera de estas plataformas; sin embargo, todas las fuentes consultadas coinciden en hablar de «grandes perspectivas».
En esta línea, destacan las soluciones de Banesto B2Bnet, 'La Caixa' y el sistema de tarjetas inteligentes de Banco Sabadell.

CAMBIO DE PAPELES
Tradicionalmente han sido los bancos los que han proporcionado la infraestructura para la gestión de los sistemas de pago. Con Internet están apareciendo algunos no controlados por entidades financieras que utilizan infraestructuras de telecomunicaciones para el establecimiento de los nuevos mecanismos de pago. Surgen nuevas empresas fabricantes de software como Q-Pass, sociedades tecnológicas participadas por la banca como e-Xtend Now o Paybox y nuevos actores que pretenden crear bancos de nueva generación, como Movilpago Bank.
Sin embargo, e independientemente de la entidad que detente el control sobre los pagos, todos ellos siguen revirtiendo sobre las cuentas y la infraestructura de los bancos. Y es que hay que tener en cuenta que siguen siendo las entidades en las que los consumidores depositan su confianza.
Los analistas apuntan que la única competencia de pago electrónico para la banca podría hallarse en los sistemas con teléfonos móviles, puesto que se trata de operadores de telefonía con grandes bases de clientes, que tienen una relación contractual con ellos y que pueden facturarles en forma de prepago.
Sin embargo, todavía es pronto para aventurar quién se llevará los pagos a caja. Lo que sí está claro es que ahora ya no hay excusa para que el cliente deje de pagar.

Rodolfo Lomascolo (r.lomascolo@ips.es) es consultor especializado en seguridad en medios de pago y director de IPS.




Micropagos

Q-PASS

Hasta ahora, la mayoría de pequeños productos y servicios de Internet eran gratuitos. De ahí que sean muy pocas las empresas que ofrecen micropagos on line. En la escena internacional destacan dos proveedores norteamericanos: Ipin (www.ipin.com) y Q-Pass (www.qpass.com), que también brindan otras soluciones de pago a través de móvil y entre particulares.
Q-Pass es el único que opera en nuestro país, desde diciembre de 2000. Hasta ahora ha llegado a acuerdos con los grupos de comunicación Zeta Digital (para quien han elaborado un sistema de compra de minicampañas publicitarias on line para pymes), Inicia (de grupo PRISA) y Recoletos.
En la actualidad, Q-Pass cuenta con 500.000 usuarios compradores en todo el mundo y, según la empresa, tiene un crecimiento mensual del 10%. Javier Olivares, director de la compañía en España, explica su objetivo: «Estar en todos los grandes proveedores de contenidos y luego movernos hacia la telefonía móvil y la televisión interactiva».





Pagos por móvil

MOVILPAGO
En julio de 2000 se presentó en España Movilpago Holding, una sociedad creada al 50% entre BBVA y Telefónica. Pese a que anunció sus servicios para otoño de ese año, a finales de enero de 2001 todavía no estaban disponibles.
La solución de Movilpago, que se destinará a pequeños desembolsos en puntos de venta físicos y en Internet, se basa en un sistema de pin enviado vía SMS y gestionado a través de la tecnología USSD (Servicio de Información Suplementaria no Estructurada) suministrada por ACI Worldwide.
«La característica principal del sistema -explicó durante su presentación a la prensa el Consejero delegado de Movilpago Holding, Mario Cantero- es la posibilidad de efectuar pagos a través del aparato existente de GSM o de otro sistema digital sin necesidad de modificar el teléfono ni la tarjeta SIM».
Los comercios que deseen trabajar con Movilpago deberán contar con un TPV específico en el que se introduce el teléfono del cliente de Movilpago y un código del producto que éste desea comprar. El cliente recibe en su teléfono la orden de compra con el precio y la descripción del producto, confirma la transacción introduciendo su pin y el sistema envía la confirmación del pago a ambos.
Movilpago puede trabajar en modalidad de crédito o con tarjetas prepago y, a instancias del Gobierno, está abierto a cualquier operador de pagos o de telecomunicaciones. El proyecto, que nació con una inversión de 20.000 millones de pesetas, estará presente en dos años en 30 países y tiene previsto alcanzar los 100 millones de usuarios y los 5 millones de puntos de venta en 2005. En España, estas previsiones deberían traducirse en unos 5 millones de usuarios y 500.000 puntos de venta para la misma fecha.

PAYBOX
Desde septiembre de 2000 está operativo en España el sistema de Paybox España, filial de la alemana Paybox.net AG, una sociedad perteneciente en un 50% al grupo Deustche Bank y participada por empresas como Debitel AG (4,8%), Lufthansa Systems, Hewlett-Packard, Oracle y Compaq.
El sistema, que trabaja sobre el canal de voz, sirve para efectuar pagos en la Red, en establecimientos físicos y entre usuarios abonados. Markus Föster, de la dirección de Paybox en España, resume el proceso de este modo: «El abonado de Paybox facilita su número de teléfono móvil al comercio, empresa o servicio on line a quien desea pagar. Éste llama a un número 900 gratuito de Paybox para solicitar el pago. Introduce el número de móvil del abonado y el sistema genera una llamada automática en el cliente, que autoriza el pago mediante la introducción de su pin».
El cliente abona una cuota de mantenimiento de 5 euros anuales, pero no percibe comisiones en sus pagos a tiendas. En cambio, debe pagar una pequeña comisión de un mínimo de 0,25 centavos de euro y un máximo de 2 euros en la transferencia con otros particulares. Para el comercio, la comisión se sitúa en torno al 3% (similar a la de los principales operadores de pago), aunque depende del volumen y del tipo de servicio. Asimismo, las tiendas pagan una cuota inicial por el uso del software.
Paybox funciona con todos los teléfonos móviles y con cualquier operadora GSM, independientemente del tipo de contrato (prepago, cuota mensual, etc.) del abonado. Ahora bien, éste debe facilitar una cuenta corriente a la que domiciliar los pagos, porque el sistema sólo funciona bajo la modalidad de pago en débito. Föster insiste en que Paybox «es el único que funciona en distintas cuentas bancarias y con cualquier operadora».
El sistema, que en Alemania cuenta ya con 4.300 comercios y más de 120.000 usuarios, tiene previsto finalizar el año 2001 con más de 300.000 abonados en España. Según las previsiones de Föster, en 2005 se alcanzarán los 2,5 millones de usuarios en nuestro país, con un gasto medio anual de 100.000 pesetas, lo que reportaría a la filial española una facturación de 200.000 millones de pesetas.

CAIXAMOVIL
'La Caixa' anunció en diciembre el lanzamiento de su propio sistema de pagos a través de móviles para los titulares de sus tarjetas y sólo en los comercios on y off line adheridos a la entidad. Con todo, está previsto que se añadan otros que no trabajaban con su TPV, como Condisline o Caprabo.
El sistema, que trabaja sobre el canal de voz, incorpora un número secreto pin, lo que ahorra al usuario tener que teclear su número de tarjeta para efectuar la confirmación del pago.
Para las compras en los establecimientos de Internet asociados al sistema (alrededor de un centenar), el usuario sólo tiene que seleccionar el producto deseado, escoger la opción de pago CaixaMóvil y teclear su número de teléfono móvil cuando se le solicite. En la página de la tienda existirá un botón de llamada, y al pulsarlo CaixaMóvil le llamará para confirmar su compra y el importe de la misma. El cliente autoriza el pago introduciendo su número secreto en su terminal móvil y pulsando el asterisco. Una vez realizada la compra, se confirma en la pantalla del ordenador.
En las tiendas físicas, basta con comunicar al dependiente el producto que se desea, facilitarle el número de móvil y esperar la llamada del servicio para autorizar el pago con el pin.
Las operaciones autorizadas a través de CaixaMóvil se cargarán al titular en las mismas condiciones del contrato de la tarjeta a la que tenga asociado el servicio.

PAGOMÓVIL
Tras el anuncio de creación de Movilpago por parte de Telefónica y BBVA, BSCH contrarrestó con la presentación, primero con Airtel y luego con Amena, de un sistema de pagos en cuyo desarrollo participan Banesto y 4B, pero abierto a otros bancos y operadoras. En diciembre de 2000 ya se habían adherido a él las redes de cajeros 4B (BSCH, Popular, Banesto, Sabadell, Zaragozano, Pastor, March y otros) y las 44 cajas integradas en el sistema Euro6000, si bien el servicio no estaba todavía operativo.
El sistema, que ha sido bautizado con el nombre de Pagomóvil, está basado en la tecnología de tarjetas SIM Application Toolkit, mensajes cortos (SMS) y un centro autorizador de las transacciones.
La condición para utilizarlo es disponer de una cuenta en alguna de las entidades implicadas y de un teléfono que soporte esta tecnología SIM.
En su presentación inicial, en la que participaba Airtel, los responsables de la iniciativa fijaron como objetivo para el primer año una cuota de mercado de 200.000 usuarios de teléfonos móviles y más de 20.000 comercios.

CECA-PALM-INGENICO
EURO 6000, el sistema de tarjetas de la CECA (Confederación Española de Cajas de Ahorros) participa junto con Palm y Group Ingenico en un proyecto piloto de ámbito mundial para la realización de pagos a través de ordenadores de mano (handhelds) sin la presencia física de la tarjeta. Para ello, se combina un ordenador de mano (que sólo necesita capacidad de proceso off line), comunicaciones inalámbricas locales y sistemas de autenticación apoyados en seguridad criptográfica.
El sistema, operativo desde el pasado 6 de enero, se está probando en 10 comercios barceloneses sobre una muestra de 100 usuarios de dispositivos Palm. El usuario de estos dispositivos selecciona, entre las tarjetas EURO 6000 cargadas en su Palm, la que desee para efectuar el pago y él mismo puede comprobar el importe de la operación e identificarse por medio de su clave personal. «En un futuro, se podrá optar entre firmar con el lápiz en la pantalla del Palm o introducir un código pin para confirmar la transacción», comenta Coralie Dozias, directora de Palm para el área sur de Europa.
El terminal del comercio obtiene la autorización de la venta vía infrarrojos e imprime el justificante de la operación. En el dispositivo Palm se guarda toda la información de los pagos realizados, facilitando el control y gestión de los gastos de su propietario.
Según Agustín Márquez Dorsch, secretario del órgano rector de EURO 6000 y Director General Adjunto de CECA, el valor de este proyecto radica en que está «apoyado en las actuales infraestructuras de medios de pago, lo que evita incurrir en las inversiones cuantiosas que otros nuevos modelos precisan».




Pagos B2B

BANESTO B2Bnet
A lo largo de 2000, Banesto ha desarrollado una solución de motor financiero orientado a las necesidades de los mercados B2B. Según Lorenzo Marín, responsable de la iniciativa, «Banesto B2Bnet utiliza los sistemas tradicionales del banco para ejecutar con precisión todos los cobros y pagos en un mercado B2B». Así, tanto el proveedor como el cliente y el intermediario pueden conocer la operación comercial en el momento en que ésta se confirma en el marketplace.
El sistema gestiona pagos al contado o a plazo, el cobro del comprador, el pago al proveedor y la liquidación al intermediario. Asimismo, facilita a este último el servicio de gestión de la facturación de sus comisiones a las partes implicadas en la transacción. Para ello, se provee a los marketplaces con una solución específica adaptada a sus necesidades. Según sus impulsores, B2Bnet realiza la conciliación automática de todas las operaciones, se comunica on line con el intermediario, todo ello en un entorno seguro.
Para trabajar con el sistema no es necesario que compradores y vendedores sean clientes de Banesto. «De ser así, se estaría limitando notablemente la globalidad del mercado», dice Marín.
Si bien reconoce que las cifras de negocio B2B «no son todavía significativas», Marín afirma que su servicio está presente en las principales iniciativas que se están desarrollando en España, entre otras Opciona, Iber-X y BtoBfactory.

CAIXA B2B
En la actualidad, 'La Caixa' ofrece servicios B2B «a varios centenares de empresas», según afirma la entidad. Su oferta se estructura en torno a tres ejes: Línea Abierta, Ciberpac y herramientas de gestión financiera.
Línea Abierta se enmarca en el portal corporativo y es la prolongación del servicio tradicional de banca. Permite efectuar las funciones tradicionales de banca entre empresas, como consulta consolidada de las cuentas, gestión de pagos, nóminas y transacciones internacionales, entre otros. «A lo largo del 2001 -aseguran fuentes de la entidad- podrán realizarse a través de la Línea Abierta todas las operaciones que las compañías hacen en la actualidad a través de las oficinas».
Para el pago entre empresas la entidad dispone de Ciberpac, un producto que permite elegir entre varios instrumentos de pago: transferencias, domiciliaciones, pago por tarjeta o por teléfono móvil. «En breve se incorporarán instrumentos de pago aplazado confirmado, comprometido y garantizado», detallan las mismas fuentes.
Por lo que respecta a la gestión financiera de las empresas, 'La Caixa' ha desarrollado una gama de e-products (e-confirming, e-renting, etc.) orientados a facilitarla, aprovechando el potencial de las nuevas tecnologías. En concreto, está previsto comercializar en breve un producto encaminado a la financiación on line de los clientes de las empresas, facilitando así el comercio de éstas.
La operativa entre empresas no clientes de 'La Caixa' puede llevarse a cabo de dos maneras: con domiciliaciones bancarias, por un lado, donde se facilita la información necesaria al vendedor para que efectúe los cargos sobre los compradores; y mediante el TPV virtual y las tarjetas de crédito para el pago de determinadas compras, como viajes o material de oficina.
En el caso de los marketplaces, 'La Caixa' ofrece un servicio de centralización de los pagos que éstos realicen desde sus entidades bancarias. A partir de la recepción de los importes correspondientes, gestiona la distribución de los fondos y la información entre los vendedores y los gestores del marketplace, facilitando la liquidez del mismo.
La empresa espera que «estas cifras aumenten de forma exponencial» con la incorporación de las nuevas funcionalidades y servicios, así como con un desarrollo creciente de las transacciones comerciales entre empresas on line.

BANC SABADELL EMPRESAS
Desde septiembre de 1999, la división de Banca Internet de Banc Sabadell dispone de un sistema de tarjetas inteligentes para usuarios empresariales creado por Safelayer, que permite a los clientes del antiguo servicio InfoBanc efectuar pagos y otras funciones de banca con firma electrónica y a través de Internet. Este servicio fue pionero en España, puesto que se desarrolló antes de que se aprobara la Ley de Firma Electrónica. Según los responsables de la iniciativa, «las tarjetas inteligentes, que funcionan en un lector, trasladan la operativa de un cajero automático al web».
El sistema, que ha sido utilizado en usuarios corporativos y en iniciativas como PortIC o la intranet de la Universitat Politècnica de Catalunya, pretendía extenderse a la relación entre las propias empresas clientes del banco. En otras palabras, convertir a Banc Sabadell en una autoridad de certificación o tercera parte de confianza en los intercambios entre empresas.
A finales de 2000, Banc Sabadell y Siemens crearon e-Xtend Now, una joint venture tecnológica al 50%, destinada al desarrollo de soluciones B2B para pequeñas y medianas empresas y con una inversión de 416 millones de pesetas. Según Luis Luengo, director de desarrollo de negocio de e-Xtend Now, la empresa, que presentará sus servicios en marzo, se constituye como en «e-nabler» que, entre sus herramientas de marketplace, incorporará innovadoras soluciones de pago.




Tarjetas virtuales

BANESTO VirtualC@sh+
Virtual Cash Plus es la evolución de la primera tarjeta monedero para Internet creada por Banesto en 1995. Virginia Martínez, responsable del área B2C de Banesto, la describe como «claramente orientada a evitar el fraude en Internet» por dos razones: en la parte del consumidor, porque la carga es limitada (a un máximo de 35.000 pesetas); y en la del comercio porque «el sistema de pin garantiza la total seguridad y el no repudio, a diferencia de las tarjetas de crédito, que no solicitan ningún tipo de contraseña».
La comisión para las tiendas es inferior a la del resto de tarjetas (la estándar es del 2%). La tarjeta, que sólo puede ser utilizada en las 2.000 tiendas que tienen pasarela (TPV) de Banesto, puede cargarse en cajeros 4B y, si se es cliente de la entidad, desde la sede web.
En 2000, se realizaron unas 150.000 operaciones a través de Ciberc@sh, con una facturación total de 1.300 millones de pesetas.

CYBERTARJETA DE 'LA CAIXA'
'La Caixa' ha adoptado una modalidad de tarjeta virtual creada por MasterCard. Consiste en una cartulina anónima con un número de tarjeta (PAN) y un código pin, que es aceptada en todos los comercios del mundo que trabajan con esta marca de tarjetas. Funciona en modo prepago y recarga, y tiene un límite de 250.000 pesetas.
La Cybertarjeta, que puede ser gestionada totalmente desde el web o en las oficinas de 'La Caixa', está vinculada al sistema de fidelización de la caja, de modo que los usuarios obtienen puntos de la entidad con cada compra que realizan.
Esteban Martín, de Europay Internacional, afirma que 'La Caixa' ha sido la primera en utilizar esta modalidad de tarjeta de MasterCard, pero está previsto el lanzamiento de otras entidades en modalidad prepago.

BBVA CLIC AND CASH
Junto con Visa España, BBVA lanzó en julio de 2000 un servicio de pago para Internet que trabaja con tarjetas inteligentes y evita que el comprador tenga que enviar sus datos de tarjeta a un servidor. Consiste en un lector de tarjetas que se conecta con el ordenador y permite cargar el monedero electrónico VISA-CASH de la tarjeta con una determinada cantidad para efectuar compras on line.
El sistema incluye funciones de firma electrónica, con lo que el vendedor recoge de forma instantánea el importe de la transacción antes de proceder a la entrega del producto. Según el banco, esta garantía de cobro la hace especialmente indicada para productos que se entregan electrónicamente y de forma inmediata a la compra, como los digitalizables que pueden ser consumidos en modalidades pay-per-view y pay-per-use, por ejemplo.
El cliente que posea una tarjeta inteligente podrá acceder a las tiendas virtuales en Internet que contraten este servicio de pago y, tras elegir un producto para su compra, pagar con el dinero cargado en su monedero.




Tarjetas inteligentes

TARJETA E-BUSINESS DE CECA Y MASTERCARD
Las cajas integrantes de la CECA (Confederación Española de Cajas de Ahorros) comercializan desde mayo la Tarjeta E-business, una tarjeta de crédito corporativa de MasterCard, que permite a las empresas gestionar sus gastos a través de la Red.
Según Esteban Martín, director de nuevas tecnologías de Europay Internacional, «se trata de una tarjeta magnética normal, pero con el valor añadido de que el cliente puede, desde una sede web, monitorizar los gastos efectuados con ella, por empresa, por empleado, con estadísticas y gráficos».
Asimismo, las empresas o el empleado titulares de estas tarjetas pueden suscribirse a un servicio de informes de gastos que se envía por e-mail o incluso generar alertas, de modo que se conozca a tiempo si se rebasa cierta cantidad.





Requisitos de las transacciones electrónicas

En términos generales, toda transacción debe cumplir las siguientes condiciones:
- El contenido de la transacción sólo debe ser conocido por comprador y vendedor
- Sólo el vendedor y su banco conocen la cuenta del primero
- Sólo el comprador y su banco conocen la cuenta del primero
- La información del movimiento bancario sólo la conocen los bancos
- No se almacena la información de autenticación de ninguna de las partes
- Los bancos, tanto de comprador como de vendedor, proporcionan la confianza a la operación

Medios de pago utilizados en comercio electrónico en España (Respuesta múltiple) Domiciliación bancaria/usuario registrado 23,6% Transferencia 9,2% Financiación 2,3 % Contra reembolso 37,6% Tarjeta 6000 10,8% VISA/MasterCard 50,5% AMEX 3,2% Fuente: 3º Estudio sobre Comercio Electrónico en España, AECE, mayo 2000





Agregado: December 7th 2002
Reseñador:
Redacción
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